Carlo Calvi, hijo del “banquero de Dios”, habla del Vaticano y la mafia

Carlo Calvi, hijo del banquero de Dios, habla del Vaticano y la mafia

Roberto Calvi y el Papa Paulo VI (Foto gentileza Carlo Calvi)

Desde Canadá revela porqué su padre Roberto, presidente del Banco Ambrosiano asesinado en 1982, era peligroso para el Vaticano y la logia P-2. Las vinculaciones con Argentina.

En 1947, Roberto Calvi comenzaba a trabajar en el Banco Ambrosiano, creado por el cura Giuseppe Tovini y controlado por el Arzobispado de Milán. Casi cuarenta años después, el 17 de junio de 1982, luego de más de una década como presidente de la entidad, un empleado del Daily Express halló su cuerpo colgando, con los pies a centímetros del agua, en el puente de Blackfriars, en Londres.

Rápidamente los medios de todo el mundo se hicieron eco de la noticia sin dudar de que se trataba de un suicidio.

“Roberto Calvi es el símbolo de la política subterránea italiana. En los años de mayor fluidez, de mayor inestabilidad, extendió sus largas manos hasta las mesas de los ministros, hasta la dirección de algún gran periódico, hacia las editoriales, hacia el mundo de la enseñanza. Era un hombre de origen oscuro, de cuna modesta y de vanidad ilimitada. Excepcional de inteligencia en la maniobra inmediata, ajeno a todo principio ideológico.

Amante del poder por el poder, según sus amigos y enemigos, cayó en una paranoia final y montó una sociedad secreta, la celebérrima célula P-2, en la que comprometió todo lo inimaginable, desde banqueros hasta miembros de las Brigadas Rojas.

Después de hundir a un gran Banco, un gran periódico y de manchar con el deshonor y la desgracia a muchos italianos, Roberto Calvi, cuya inquietante mirada esconde tantas cosas, ha preferido escapar a sus deudas con un final tocado de siniestro exhibicionismo”, describió en su edición del 20 de junio el ABC de España.

De apuro, un forense inglés confirmó esta versión. Sólo el tiempo lo desmentiría.

Ascenso a los cielos

Poco antes de su muerte, había enviado una carta a Juan Pablo II, garantizándole que no revelaría nada de lo que había hecho “en interés de la Iglesia”, a la vez que le ofrecía documentos relevantes. El polaco Karol Wojtyla no contestó. La puesta en escena de su muerte arrojaría algunas evidencias que sólo varios años después alcanzarían su real significado: Calvi era un camino que se bifurcaba hacia la influyente logia Propaganda Due (P-2) y el Vaticano.

Tras su paso por el banco Commerciale, Calvi ingresó, a los 27 años, en el Banco Ambrosiano, donde fue ascendiendo hasta llegar a dirigirlo en 1971. Para convertirlo en el mayor banco privado de Italia, fue vital su internacionalización por medio de filiales en paraísos fiscales, como Bahamas.

En ese contexto la clave es su relación con Michel Sindona, quien no sólo estaba vinculado a Paulo VI sino que a la vez era considerado “el banquero de la mafia”. La otra llave para ingresar a la Santa Sede fue Licio Gelli, gran maestro de la P-2. Asimismo, forjó una alianza con el arzobispo Paul Marcinkus, de origen estadounidense, quien se desempeñó como director del Instituto de Obras de la Religión (IOR), el banco del Vaticano.

En los decenios previos el IOR, constituido en 1942 por Pío XII, había crecido exponencialmente a raíz del cobro de la indemnización por la pérdida de los antiguos Estados Papales. Esa liquidez le permitió hacer inversiones de todo tipo, como, por ejemplo, en una buena parte de la munición empleada por las tropas de Benito Mussolini en sus campañas africanas.

Luego, el otro hecho determinante fue una ley italiana, de 1962, la cual impuso a la Iglesia católica cargas fiscales sobre los rendimientos accionarios. En ese momento, trasladaron al extranjero una buena parte de sus activos.

En silencio, quien seguía paso a paso el desarrollo de los sucesos en los que estaba entrometido Calvi, era su hijo Carlo, actualmente, en Montreal, Canadá, donde se estableció junto con su madre -quien falleció en 2006- tras pasar por Bahamas.

Los vínculos entre el Ambrosiano y la Santa Sede eran estrechos. Carlo Calvi conoció “al cardenal Giovanni Battista Montini en el Banco Ambrosiano antes de que él fuese elegido papa Paulo VI. El director del IOR, Luigi Mennini, trabajó en estrecha colaboración con mi padre. Su hijo Alessandro trabajaba en el Banco Ambrosiano. Por entonces, Paulo VI le pidió al arzobispo Paul Marcinkus que asuma el cargo de director del Banco Ambrosiano de Nassau, Bahamas, en 1972”.

Parte de las ganancias generadas por el Vaticano en ese tiempo se dieron, según Calvi hijo, por medio “de las actividades de intermediación y fiduciarias en un gran número de manipulaciones de valores durante más de diez años. El Vaticano también operaba sus propias cuentas encubiertas por clientes”.

Propaganda Due

La relación con la P-2 nació a causa de que “las manipulaciones atrajeron las presiones de las autoridades y de los rivales. Para defenderse -dijo Carlo Calvi-, mi padre cayó bajo la influencia de la logia masónica P-2, de Licio Gelli y de Umberto Ortolani, propietario del Banco Financiero Sudamericano de Montevideo. Ortolani estaba cerca del cardenal Giacomo Lercaro. Ellos lo convencieron de financiar a los partidos políticos e ir asociados en empresas públicas. Esto empeoró la situación y mi padre fue detenido en 1981”.

Ese mismo año, como consecuencia de la investigación por la bancarrota fraudulenta del Ambrosiano y el secuestro fingido de Sindona, se encontró en poder de Gelli una lista con los nombres de 961 personas que integraban la P-2, entre las que había tres ministros, 44 parlamentarios, 18 magistrados, 49 banqueros, 27 periodistas -entre ellos el editor del Corriere della Sera Bruno Tassan Din- y 120 empresarios, como el ascendente Silvio Berlusconi.

Gelli tenía una excelente relación, entre otros militares argentinos, con el almirante Emilio Massera. Por este vínculo Roberto Calvi visitó el país junto con su esposa. El entonces presidente de la sede del Ambrosiano en Argentina, Francisco Eduardo Trusso, llegaría a ser embajador del gobierno de Carlos Menem en el Vaticano.

Asimismo, el gerente del Ambrosiano en Buenos Aires era Aldo Alasia, miembro de la P-2. En la imagen que acompaña la nota se ve la misiva que Alasia le envió a Giacomo Botta, que fungía como consejero de Administración del Banco Andino peruano. En esa entidad financiera supieron estar parte de los fondos de la P-2.

Carta de Aldo Alasia (gentileza Carlo Calvi)

Carta de Aldo Alasia (gentileza Carlo Calvi)

Más de un año detenido, al Gran Maestre de la P-2 no lo abandonaría la suerte. Según reveló ante Newsweek, una noche de 1983, “salí porque todas las puertas se abrieron”. Volvería a prisión condenado en primera instancia a una pena de 18 años de cárcel por la quiebra del Ambrosiano, pero se la rebajaron a 12. Tras cumplirla en arresto domiciliario, Gelli murió, a los 96 años, el 15 de diciembre de 2015, en su mansión de Arezzo (Toscana).

La caída

Durante el juicio contra su padre, Carlo Calvi estaba en “contacto con el arzobispo Marcinkus, y me reuní con Giovanni Cheli, primer nuncio apostólico ante las Naciones Unidas. El Vaticano no quería liberar al banco suizo Gottardo del secreto. En este banco, Alessandro, el hijo de Mennini, jefe del IOR, operaba las cuentas de sus compañías panameñas y de Luxemburgo”.

Ya con el estadounidense en el IOR y con Wojtyla en la silla petrina, la sociedad Marcinkus-Calvi tuvo de fondo los continuos requerimientos de Juan Pablo II en pos de financiar la lucha contra el comunismo en cualquier punto del orbe. Cuando el IOR no podía realizar las transferencias, el Ambrosiano salía al rescate.

Carta de Calvi a Marcinkus (gentileza Carlo Calvi)

Carta de Calvi a Marcinkus (gentileza Carlo Calvi)

La deuda con el banco que timoneaba Calvi superó los 1.200 millones de dólares. En 1981, en plena implosión del Ambrosiano, Calvi sufriría su primera condena: cuatro meses de arresto domiciliario por delitos monetarios.

“En su recurso ante la justicia, en junio de 1982, mi padre habría revelado los nombres de los beneficiarios. Estos eran reconocidos políticos que pertenecían a la logia masónica P-2 y, a la vez, dirigían las compañías públicas. Sus actividades estaban escondidas detrás del Vaticano”, subrayó Calvi.

A los pocos días, el banquero de Dios “se refugió en Londres con la ayuda de personas cercanas a los políticos, la logia masónica P-2 y el crimen organizado”.

El derrotero de Calvi se reconstruyó con precisión muchos años después. El 11 de junio de 1982, abandonó Italia a bordo de un yate, que atracó en Isola (Yugoslavia). Desde allí, bajo el nombre de Gian Roberto Calvini, se subió a un avión privado hasta Klagenfurt, Austria. Con Calvi viajaban Flavio Carboni, ex socio de Berlusconi en Cerdeña, y Silvano Vittor, contrabandista italiano asentado en Yugoslavia. Calvi quería ir a Zúrich, pero Carboni y Vittor lo convencieron de que tomara otro avión privado y se dirigiera a Londres. Los dos acompañantes le buscaron alojamiento en el Chelsea Cloister.

La última persona que lo vio fue el pintor Cecil Gerard Coomber, residente en el edificio. Hacia las diez de la noche del 16, el artista se cruzó por el pasillo con el banquero, a quien acompañaban dos hombres que hablaban en italiano. Al otro día, lo encontraron colgado con el bigote afeitado. En sus bolsillos, tenía algunos miles de dólares y ladrillos, símbolo de la masonería, puesto que representan el aporte para su sostenimiento.

Colgado muerto

Ante los reclamos de la familia, un panel internacional de la oficina del fiscal de Roma exhumó el cuerpo, para practicarle otra autopsia. En ésta no encontraron ningún rastro de suciedad u óxido en sus manos, dato clave ya que apareció pendiendo sobre unos tubos. La versión del suicidio suponía que se había movido diestramente hasta llegar al andamio, ponerse la cuerda y los ladrillos, y lanzarse al vacío. Pero Calvi tenía 62 años y varios kilos de más. Llegaron a la conclusión de que, en realidad, fue colgado ya muerto.

Recién en junio de 2003 dos fiscales de los tribunales de Roma, María Monteleone y Luca Tescaroli, anunciaron oficialmente que Calvi había sido asesinado por orden directa de la mafia siciliana. Los acusados fueron Flavio Carboni, Pippo Caló, Ernesto Diotallevi y Manuela Kleinszig.

En los sucesivos años, Carlo Calvi enfatizó la importancia del testimonio de Francesco Pazienza: “Pazienza sigue vivo. Es central en la comprensión de la relación entre Gelli y la camorra napolitana. El fiscal Giancarlo Armati viajó a Argentina en los años ochenta para investigar esto en relación con los actos de terrorismo. Pazienza está involucrado en el intento de asesinato del vicepresidente del Banco Ambrosiano Roberto Rosone. Pazienza habló con el arzobispo Marcinkus en mi presencia. A su vez, Pasquale Scotti que acaba de ser extraditado de Brasil puede explicar el rol de la camorra napolitana en el asesinato de mi padre”.

Operaciones que siguen con Fracisco

El escándalo Calvi salpicó hasta a Juan Pablo II, que hasta el final quiso defender a monseñor Marcinkus, quien a pesar de estar a punto de convertirse en cardenal, tuvo que refugiarse en Arizona. Raudamente, intervino el secretario de Estado, el cardenal Agostino Casaroli, quien negoció con los bancos acreedores del Ambrosiano. Al final, el Vaticano pagó U$S 258 millones, evitando una cadena de demandas judiciales a nivel internacional.

Las finanzas del Vaticano gozan del beneficio del manto opaco que tiende el dogma, salvo cuando estallan los escándalos, como en el caso de los Vatileaks. Carlo Calvi, su madre y su hermana presentaron numerosas denuncias en las que describían las operaciones, que, en buena parte, aseguró, se mantienen con Francisco: “Había dos tipos de irregularidades. La actividad fiduciaria del Vaticano por su propia cuenta, que continúa hasta hoy. Y las actividades de los titulares de las cuentas cubiertas del Banco del Vaticano que se redujeron solo a partir del acuerdo con la Unión Europea en 2009.

Las reformas introducidas después del papa Benedicto XVI se centraron en los abusos de los titulares de las cuentas cubiertas, no en las propias operaciones del Vaticano. El mejor ejemplo es la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica, que no está sometida a la supervisión de la Unidad de Inteligencia Financiera del Vaticano y que está dirigida por el cardenal Domenico Calcagno, hoy objeto de investigación por los fiscales italianos”.

izquierdadiario.es

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