El Gobierno egipcio ultima una ley para restringir el alcance de las manifestaciones. El proyecto ya ha sido redactado y sólo falta la firma del presidente, pero las críticas han saltado desde todos los estamentos de la sociedad.

Acampadas como ésta, que protagonizaron los seguidores de los Hermanos Musulmanes para reivindicar la legitimidad de Mohamad Mursi, desaparecerían de la escena en Egipto.

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El Consejo de Ministros ha redactado una ley que limita las manifestaciones. Prohíbe toda aquella concentración que se produzca a menos de 50 metros edificios oficiales, exige que los convocantes la anuncien con días de adelanto, otorga a la policía potestad para sofocarla por la fuerza y al Ministerio del Interior capacidad para cancelarla bajo grandes multas económicas e incluso penas de cárcel.

En estos momentos, las calles está tomadas únicamente por los seguidores de los Hermanos Musulmanes y otros grupos contrarios al golpe de los militares, pero paradójicamente, la redacción de la norma ha despertado las críticas incluso de quienes se alinearon con el Gobierno interino.

Una buena parte del espectro político e incluso algunos ministros piden su paralización.

La plaza Tahrir, que vio alumbrar la revolución contra Hosni Mubarak y tantas otras movilizaciones contra las autoridades, quedaría también vetada.

Los egipcios se preguntan si la norma entra finalmente en vigor, para lo que sólo faltaría la aprobación del presidente.

Porque esta ley no sólo subleva a quienes han ocupado tantas veces ésta y otras plazas de Egipto, sino que además ha abierto una grieta en el seno del Gobierno. Prácticamente, todos los movimientos que estuvieron del lado de los militares, ahora se oponen a las autoridades.

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