Diversas fuentes comunitarias han confirmado a la agencia Bloomberg la apertura de conversaciones para crear un nuevo fondo de rescate, esta vez dirigido a los sistemas de pagos de los miembros de la Unión Europea pero que no pertenecen a la Zona Euro. Hasta ahora, la Unión Europea ha provisto fondos para las crisis de balanza de pagos de países como Letonia, Hungría y Rumanía.

Por el momento, los fondos provistos han sido 40.000 millones de euros. Según estas mismas fuentes, el nuevo fondo tendrá una capitalización de 50.000 millones de euros disponibles para afrontar problemas de solvencia de los bancos que pueden aparecer tras la publicación próxima de los “test de estrés”.

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En los anteriores “test de estrés” se destaparon serios problemas de capitalización en bancos de los países de más reciente adhesión a la Unión Europea, estando algunos de ellos en negociaciones para entrar en la Zona Euro.

Los resultados de los “test de estrés” se conocerán a finales de noviembre y realizados por el Banco Central Europeo, las autoridades regulatorias nacionales y el Supervisor único (EBA por sus siglas en inglés). Las negociaciones están encaminadas a poner en marcha este fondo a mediados de 2014, fecha en la que también se prevé haber terminado la negociación entre los países para abrir la puerta del MEDE  a la recapitalización directa de la banca.

Simon O’Connor, portavoz oficial de la Comisión, confirma por correo electrónico el avance de las negociaciones: “La Comisión ha propuesto que el Mecanismo de Balanza de Pagos incluya un instrumento de recapitalización de la banca al igual que este mecanismo está disponible para la Zona Euro bajo el MEDE: proveer un armazón de credibilidad  para que los supervisores y los agentes del mercado confíen en que la estabilidad financiera está asegurada”.

En este momento, las dos principales fuentes de oposición a este proyecto provienen de Alemania y Reino Unido, los cuales insisten en la recapitalización de la banca de forma independiente y atendiendo a los recursos de sus accionistas, acreedores y depositantes (proceso conocido como bail-in).

En última instancia, se pide una clarificación de los activos, la asunción de pérdidas ocultas en los balances y el arreglo de los problemas de capitalización de forma interna. En cualquier caso, la creación de nuevos fondos de rescate significa un paso atrás en el camino de la Unión Europea de no permitir el empleo de más dinero del contribuyente en la salvación de malas gestiones bancarias.

Bloomberg

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