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La comisaria europea de Justicia, la luxemburguesa Viviane Reding, ha declarado esta semana que la Troika debe ser disuelta y uno de sus componentes, el Fondo Monetario Internacional (FMI), marcharse de Europa. Este comentario llega unas semanas después de que el propio Fondo publicase un informe sobre la crisis griega en donde acusaba a Bruselas de no haber realizado el diagnóstico correcto, sumiendo al país en la pobreza.

Durante una conferencia impartida en la ciudad alemana de Heidelberg, Reding ha instado a que este organismo, que componen la Comisión Europea (CE), el Banco Central Europeo (BCE) y el FMI, desaparezca porque su “tiempo ha pasado ya”.

“Tener al FMI implicado en los últimos años fue una decisión que tomamos como medida de emergencia. Pero en el futuro, los europeos deberíamos ser capaces de solventar los problemas por nosotros mismos”, ha argumentado la que también es vicepresidenta de la Comisión.

Reding ha añadido, además, que la Comisión está mejor situada para lidiar con las economías de mercado y, según el diario local Stuttgarter Zeitung, el FMI podría dejar de “ayudarnos” en un plazo de dos meses. Estas opiniones, no obstante, contrastan con las expresadas por el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, quien hace un mes determinó que el FMI no se podía desentender de la Troika por lo menos hasta que venciesen los programas de rescate. El de Portugal, por ejemplo, no vence hasta el año que viene.

La polémica entre la Comisión y el FMI saltó a los titulares a principios del mes de junio, cuando el Fondo publicó un documento escrito en el cual revisaba el programa de rescate financiero que se envió a Grecia en el año 2010. “Hubo notables fallos. La confianza de los mercados no se logró restaurar, el sistema bancario perdió el 30% de los depósitos y la economía se enfrentó a una recesión mucho más profunda de lo previsto, con un desempleo excepcionalmente alto”, indicó el FMI en el mentado documento.

En los primeros cálculos del Fondo, la economía griega se contraería un 5,5%, mientras que finalmente lo hizo en un 17% entre 2009 y 2012; y el desempleo previsto fue de un 15%, aunque finalmente alcanzó el 25% en 2012. Grecia recibió el primer paquete de rescate financiero internacional por parte de la Troika valorado en 110.00 millones de euros en el 2010. “La deuda pública superó las proyecciones del programa por largo margen”, añadía el informe.

Asimismo, Poul Thomsen, jefe de la misión del Fondo en Grecia, hizo autocrítica durante una conferencia telefónica sobre los “retrasos” a la hora de gestionar la reestructuración de la deuda en 2012 y señaló que si se ésta se hubiera hecho con antelación “se habría reducido la carga del ajuste y sus efectos dramáticos sobre la economía”.

Pero desde Bruselas todas estas observaciones fueron asumidas como un ataque. El portavoz del Ejecutivo comunitario para Asuntos Económicos y Monetarios, Simon O’Connor comentó entonces, respecto a la reestructuración de la deuda del país, que “el informe ignora en este punto la interconexión que existe entre los países de la eurozona y una quita hubiera podido suponer un contagio sistémico en ese momento y hubiera debilitado el programa”.

“Una quiebra sin control de Grecia (…) creemos que hubiera tenido consecuencias devastadoras no solo para la zona euro, sino para la propia Grecia, y esa es la clave”, aseguró. Respecto a las reformas, O’Connor indicó que la crítica del FMI está “simplemente equivocada y no tiene fundamento” y defendió que la CE “ha sido una gran impulsora tras la parte de reformas estructurales del programa”. “Hoy, el programa de reformas está en el buen camino y hay claros signos de estabilización y de confianza en Grecia”, afirmó.

Es curioso, no obstante, que se hable del final de la Troika si se tienen en cuenta las tensiones políticas que atraviesa en estos momentos la zona del euro. El Gobierno de Pedro Passos Coelho, en Lisboa, se enfrenta a su desintegración salvo que el próximo domingo la oposición socialista acuerde firmar un pacto de “salvación nacional” que lo mantendría en el poder hasta el final del actual programa de rescate. Por su parte, el Gobierno de Antonis Samaras, en Atenas, ha sufrido recientemente el abandono de un miembro de la coalición, Dimar, y mantiene el poder a duras penas junto al denostado PASOK.

En España, Mariano Rajoy se enfrenta al escándalo del ‘caso Bárcenas’; un caso que sigue paso a paso el influyente Financial Times. En Italia la formación de Silvio Berlusconi amenaza con boicotear la agenda política nacional si su líder termina en la cárcel y en Chipre y Eslovenia el sector bancario se encuentra quebrado.

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