Un juego para desarrollar la atención y mucho más: el misterioso y extraño mundo de los puzzles

Un juego para desarrollar la atención y mucho más el misterioso y extraño mundo de los puzzlesLos más nuevos son los puzles de cuatro dimensiones, pero también los hay de tres, metálicos, de madera, fluorescentes o los complicadísimos de dos tintas (generalmente blanco y negro). Planos o circulares. Acabados en gomaespuma, corcho, terciopelo o seda. Personalizados… y los raros destiny, que son pero que muy especiales puesto que se trabaja con una imagen anterior a lo que se va a conseguir una vez montadas todas las piezas. En esta categoría se incluyen los rompecabezas que presentan un espacio y que desafían a quien pueda resolver la incógnita de cómo quedará transformado con el paso de diez o veinte años…En otros casos, el objetivo es obtener la escena posterior a la mostrada teniendo en cuenta que se produce un accidente o un hecho inesperado que lo cambia todo de lugar.

Nuevos y viejos, clásicos y sorprendentes, lo cierto es que los puzzles llegan a crear una fuerte adicción y muchas más personas de las que podríamos imaginar están atrapadas. Abuelos que comenzaron ayudando a sus nietos, adultos que hacían puzzles con sus padres (por lo general sólo les dejaban poner las últimas piezas) y vuelven a él cuando tienen sus propia descendencia, personas que jamás han dejado de hacerlos porque descubrieron su afición de niños. Pero también hay muchos que descubren la sensación de felicidad que produce encajar esas pequeñas piezas por prescripción médica.

“Muchas personas se enganchan cuando les recomiendan que hagan puzzles cuando dejan de fumar, para superar los problemas derivados de un ictus, para mejorar estados de ansiedad…”, explica Caroline Bellés, una apasionada de este juego que hace veinte años abrió la tienda Puzzlemaníaen Barcelona. Hasta este local, el más grande de Europa que tiene también el mayor puzzle con más de 33.000 piezas a modo de tapiz en el suelo, se desplazan personas de toda España para encontrar lo más nuevo… y lo más viejo. Es el caso de Mikel Padilla, un vasco de 41 años que viaja un par de veces al año para comprar rarezas que pongan a prueba su ingenio. Padilla explica que ellos, los entendidos en este juego de paciencia, tienen su propio lenguaje y su clasificación para los puzzles es otra. Hablan de los 80, 1.000, los 2.000, los 5.000… o los 33.600. Por supuesto que ésta es su manera de referirse al número de piezas.

Y cuidado, porque el hecho de que sean más o menos piezas no hace que el puzzle sea más complicado. Simplemente es más grande.

“Los complicados, los realmente difíciles son aquellos de dos o tres tintas puesto que las piezas son muy similares y te vuelves loco consiguiendo encajarlas. ¿El rey de la complicación? Probablemente el puzzle del Guernica. Tiene tanto blanco que es una locura”, razona. Otra rareza de quienes dedican sus horas libres a hacer puzzles es que una vez que consiguen verlo todo montado, suelen desmontarlo, guardarlo en la caja y empezar con alguno de los nuevos que siempre están en espera. ¿La razón? Muy fácil. Ellos encuentran el placer en hacer el puzzle, en el proceso. “La mente se queda en blanco, las horas pasan volando y cuando te das cuenta ha anochecido o se ha hecho de día. Estás tú y el puzzle, nadie más. Una sensación que otros consiguen haciendo yoga, haciendo meditación o incluso calceta…”, añade Bellés.

Esas cualidades de los puzles lo han convertido en una herramienta utilizada en el aprendizaje desde hace muchos años. De hecho “el psicólogo Jean Piaget (1896-1980) ya los utilizaba en sus estudios con los niños… puesto que aprender es emocionarse y cuando jugamos generamos muchas emociones”, explica Sandra Mañé, psicopedagoga de ESO en la Escola Pia Mataró. Según su experiencia

, “el desarrollo cognitivo de los niños se estimula con juguetes cada vez más complejos, con el objetivo de que exista un correcto equilibrio entre su inteligencia y su desarrollo físico hasta que entran en escena los puzzles que no son únicamente piezas sueltas que bien colocadas llegan a formar una imagen, sino una excelente estrategia para desarrollar la atención”, ilustra.

Lo curioso es que están muy presentes en la etapa de escolarización previa a la Educación Primaria pero luego, acabada esa fase, da la sensación de que desaparecen y se pierden así muchos de los beneficios que aportan en el aprendizaje. ¿Cuáles? En primer lugar

habilidades cognitivas que se pueden definir como operaciones del pensamiento que utilizamos para interiorizar el conocimiento y el proceso que hemos utilizado (evaluación, interpretación, observación, análisis, orden, clasificación, representación y memorización) pero también aporta capacidad para resolver problemas, desarrollo de la psicomotricidad fina y de la coordinación ojo-mano”, añade Mañé.

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Otra de las consideraciones que conocen bien los entendidos sobre el amplísimo mundo del puzzle es que no todos tienen el mismo corte. Aunque tradicionalmente aquí se ha trabajado con los de Educa, cuya plancha de corte de las piezas es regular y siempre la misma, hay otras firmas que trabajan cortes irregulares que hacen que construir el puzzle resulte mucho más complicado. Es el caso, por ejemplo de Ravensburger, marca alemana líder mundial en rompecabezas que cuenta con un extenso portafolio y 125 años de experiencia. También tiene una enorme aceptación la firma estadounidense Springbok, con unos puzzles tan bellos como particulares. Hay opciones artesanales como las de Fabio Vetori, un artista que hace puzzles siempre de hormigas en blanco y negro (¡dificilísimos!) o los de madera cortada a mano por la francesa Michelle Wilson. Pero quien hace puzzles, suele variar. Intenta hacer todos los que puede. De todas las marcas. Y en España prefieren los de Educa, porque tiene un plus que no ofrece nadie más. “Cuando pierdes una pieza, que suele pasar, la pides y te la envían a casa”, explica Mañé.

¿Cómo hacer un puzzle? Pues siempre correctamente sentado en una silla y ante una mesa a la altura adecuada. “Con una esterilla para poder envolver las piezas cuando dejas el puzzle un rato… o mucho, para que no se pierdan las piezas, no se desmonte lo que ya se ha hecho y para que el polvo no lo ensucie”, explica José Andrés Gomà. Él no monta puzzles. Los hace su esposa desde hace ya más de veinte años mientras él descansa tranquilo viendo la tele o leyendo un libro, pero se conoce toda la técnica al detalle y también todos los secretos de los puzzles porque es él quien se encarga de comprarlos. “Al menos compro unos 40 al año y los hace todos y no guarda ninguno montado. Los desmonta y los regala o los lleva a mercadillos de intercambio porque ya no caben en casa”, explica.

Hacer puzzles es divertido, instructivo pero “castiga mucho las cervicales, de modo que hay que tener muy en cuenta que esa costumbre de los niños de hacerlos estirados en el suelo hay que erradicarla cuanto antes mejor”, explica Mikel Padilla. Él, que hace los puzzles desde siempre y sólo le deja poner a su hijo de cinco años la última pieza que lo completa (como hacía con él su padre cuando era un niño), también da un consejo importante por si a alguien se le ocurre regalar un puzzle. “Cuidado con el tamaño. Regalar un 33.600 (lo más grande que existe en puzzles y también de lo más caro puesto que vale unos 230 euros por los once euros que suele valer el de 1.000) es una maravilla… si hay espacio para montarlo, de lo contrario es una trastada”, comenta. Hacer puzzles requiere también, pues, eso. Espacio. Si hay poco, hay que buscarlos más pequeños sin renunciar por ello a la complicación.

También hay que tener en cuenta el tiempo del que dispone o puede disponer cada uno y las prisas que se impone por terminar el trabajo. Para hacerse una idea, un puzzle de mil piezas puede ser solucionado en un día por un practicante avanzado, pero lo normal suele ser dedicarle al menos cuatro o cinco días. Y el mayor puzzle del mundo, el de 33.600, suele requerir un año entero de dedicación y paciencia.

Esa es también la opinión de Alfonso Álvarez-Ossorio, vicepresidente de Aepuzz (Asociación española de puzzles), quien además es el vencedor en la categoría parejas del último campeonato de España. En su opinión cada vez hay una mayor afición por los puzzles. “No sólo está creciendo el número de aficionados, sino que se está dejando atrás la idea de que construir rompecabezas es un pasatiempo que se practica en familia o individualmente en ratos libres cada uno en su casa, ahora también es una actividad de grupo y motivo de reunión entre aficionados”, reflexiona. Prueba de ello, añade, es la cada vez mayor participación en los campeonatos de puzzles que se realizan por toda España y eventos como el de Reto Salvaje, que reunió a aficionados de distintos países para construir el 33.600 en equipo en sólo un fin de semana”.

Álvarez-Ossorio, que lo sabe casi todo del puzzle, asegura que en este terreno no está todo inventado, ni mucho menos. “Teniendo en cuenta que el único requisito que ha de cumplirse para considerar un juego como puzzle es que se pueda construir una figura o imagen a partir de unas partes llamadas piezas, sin determinar el número, forma, composición u orden de las mismas, hay cuerda para rato”, explica. Ni siquiera el mundo digital puede entrometerse en el mundo del puzzle. En su opinión:

“El mercado de entretenimiento digital ofrece cada vez más posibilidades, pero es difícil que pueda reemplazar la experiencia de tocar las piezas de un puzzle con las manos, la sensación de presionar con la yema del dedo sobre la última pieza y encajarla en el sitio exacto, el tacto de la superficie de un puzzle finalizado… son sensaciones a las que no puede llegar el mundo virtual“.

¿Lo más curioso que ha visto últimamente? “Un puzzle que vi en Japón, que con las mismas 600 piezas, no sólo se podían construir distintas imágenes predeterminadas, sino que además podíamos solicitar al fabricante una plantilla para construir el puzzle con una imagen personalizada con esas mismas piezas”, explica emocionado Álvarez-Ossorio. Para él es un divertimento pero también una pasión y aconseja a quienes quieran iniciarse ir por partes. “Hay que encontrar el nivel adecuado a la capacidad de cada aficionado, no importa la edad, e ir incrementando paulatinamente sin forzar”, aconseja este campeón de puzzles.

es.sott.net

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